Phoronix ha publicado una primera ronda de benchmarks exclusivos de NVIDIA Vera, la nueva CPU Arm de la compañía para el sector de centros de datos. Los resultados preliminares muestran una plataforma muy potente, capaz de superar en varias pruebas a configuraciones recientes con Intel Xeon Granite Rapids y AMD EPYC Turin.
La lectura debe hacerse con cautela, porque NVIDIA solo permitió ejecutar un subconjunto concreto de pruebas sobre un chip todavía previo a su lanzamiento. Aun así, el rendimiento medio sitúa a Vera por encima de los diseños x86 más avanzados, reforzando la ambición de NVIDIA fuera del terreno puramente GPU.
Una CPU Arm diseñada para centros de datos, no solo para acompañar a la GPU
La CPU NVIDIA Vera representa un paso importante frente a Grace, porque ya no parece solo una pieza de apoyo dentro de plataformas aceleradas. El chip incorpora 88 núcleos Armv9.2 personalizados Olympus y ofrece 176 hilos mediante particionado físico de recursos, una decisión orientada a cargas intensivas de servidor.
Ese enfoque encaja con la estrategia actual de NVIDIA en infraestructura. La compañía quiere controlar más partes del sistema, desde GPU de IA hasta CPU, memoria, redes y racks completos. Vera apunta justo a ese espacio: una CPU propia para cargas donde eficiencia, ancho de banda y coherencia interna pesan mucho.
La diferencia frente a una CPU convencional está en el contexto. NVIDIA no está intentando competir solo con un procesador aislado, sino construir una plataforma completa para centros de datos donde CPU, GPU, memoria e interconexión trabajen como un bloque integrado dentro de infraestructuras de IA y nube.
Núcleos Olympus, FP8 nativo y SVE2 de 6×128 bits
Uno de los datos técnicos más relevantes está en los núcleos Olympus personalizados, compatibles con procesamiento FP8 nativo. Esto permite ejecutar ciertas cargas de IA directamente en la CPU, algo poco habitual en diseños pensados tradicionalmente para tareas generales dentro del centro de datos.
La implementación también incluye SVE2 de 6×128 bits, un detalle clave para cargas vectoriales, procesamiento científico, bases de datos o flujos donde la CPU necesita mover muchos datos de forma sostenida. No sustituye a una GPU, pero sí reduce la dependencia del acelerador en tareas concretas.
Esta combinación explica parte del salto frente a Grace. Vera no solo añade más núcleos o más frecuencia, sino una arquitectura más especializada para IA, memoria, coherencia interna y rendimiento sostenido. Es una CPU pensada para el tipo de cargas que NVIDIA ya domina desde el lado de la aceleración.
Ancho de banda de 1,2 TB/s y memoria LPDDR5X en formato SOCAMM2
La plataforma ofrece 1,2 TB/s de ancho de banda de memoria, junto a soporte para hasta 1,5 TB de memoria LPDDR5X en formato SOCAMM2. Este dato resulta especialmente importante, porque muchas cargas de servidor modernas no dependen solo de núcleos, sino de alimentar esos núcleos con datos suficientes.
El uso de memoria LPDDR5X puede parecer más propio de plataformas móviles, pero en centros de datos gana sentido si permite mejorar eficiencia y densidad. Para workloads de IA, compilación, análisis o bases de datos, el ancho de banda sostenido puede ser tan determinante como la potencia pura de la CPU.
También destaca la segunda generación de Scalable Coherency Fabric, con 3,4 TB/s de ancho de banda de bisección. Al conectar todos los núcleos dentro de un die monolítico unificado, NVIDIA evita parte de las latencias asociadas a arquitecturas chiplet, un punto sensible en cargas que no escalan bien entre varios bloques.
Vera queda por delante de Xeon y EPYC en la media geométrica
En la media geométrica de las pruebas permitidas, NVIDIA Vera quedó por encima de las plataformas probadas con AMD EPYC Turin, AMD EPYC Turin Dense e Intel Xeon Granite Rapids. Según los resultados recogidos, la CPU fue casi 11% más rápida que los diseños AMD más avanzados.
La ventaja frente al mejor Intel Xeon de un solo socket fue mucho mayor, con una diferencia aproximada del 55,3%. También superó algunas configuraciones de doble socket, lo que apunta a un problema conocido en servidores: no todas las cargas escalan bien al repartir trabajo entre dos CPU físicas.
Ese punto resulta clave para interpretar los resultados. Vera parece muy fuerte, pero las pruebas estuvieron limitadas por NVIDIA, así que no conviene convertir esta ronda inicial en una conclusión absoluta. Aun así, que una CPU Arm propia supere a soluciones x86 tan recientes ya supone una señal relevante.
El consumo confirma que Vera compite en la gama alta
La CPU NVIDIA Vera aparece con un TDP de 450W, acompañado por otros 50W para el grupo de memoria de 768 GB probado. No estamos ante una CPU de bajo consumo, sino ante una plataforma de servidor diseñada para competir en la parte alta del rendimiento por nodo.
Ese consumo debe leerse dentro del contexto de centros de datos. Si Vera reduce la necesidad de configuraciones de doble socket o mejora el rendimiento por rack, el gasto energético puede tener sentido. La métrica relevante no será solo el TDP, sino el rendimiento por vatio, por nodo y por carga real.
También hay que considerar que la plataforma probada no refleja necesariamente todas las configuraciones finales. NVIDIA podría ajustar frecuencias, memoria, firmware o perfiles de energía antes del despliegue comercial, especialmente si Vera va destinada a hyperscalers con requisitos muy concretos de eficiencia y densidad.
Una amenaza directa para Intel Xeon y AMD EPYC
La lectura competitiva es clara. Intel Xeon y AMD EPYC llevan años dominando el mercado de CPU para servidores, pero Vera introduce una alternativa Arm con el respaldo de NVIDIA, una compañía que ya controla buena parte del gasto en infraestructura de IA gracias a sus aceleradores.
Si los resultados se sostienen en más pruebas independientes, NVIDIA podría presionar a sus rivales no solo en GPU, sino también en CPU. Esto cambiaría el equilibrio del centro de datos, porque los clientes podrían comprar plataformas completas NVIDIA en lugar de combinar CPU x86 con aceleradores separados.
El riesgo para Intel y AMD no está solo en el rendimiento puntual. Está en que NVIDIA puede empaquetar CPU Vera, GPU de IA, redes, software, memoria y racks completos dentro de una misma oferta, reduciendo fricción para hyperscalers que priorizan despliegues rápidos y soporte integrado.
NVIDIA busca un mercado de CPU de 200.000 millones de dólares
La lectura estratégica es quizá más importante que el benchmark. NVIDIA proyecta vender alrededor de 20.000 millones de dólares entre CPUs Vera y Grace, dentro de un mercado potencial estimado en 200.000 millones de dólares para soluciones independientes.
Ese objetivo encaja con una compañía que ya no quiere limitarse a vender aceleradores. Con Vera, NVIDIA puede ofrecer racks completos, CPU, GPU, interconexión, memoria y software, una fórmula muy atractiva para hyperscalers que buscan plataformas integradas para IA, nube y servicios de terceros.
Si estos resultados se sostienen en pruebas independientes más amplias, NVIDIA podría convertirse en uno de los actores más relevantes del mercado de CPU para centros de datos. La competencia con Intel Xeon y AMD EPYC ya no sería solo teórica, sino una presión directa desde el ecosistema Arm impulsado por NVIDIA.
Vía: TechPowerUp












