Estados Unidos y China preparan para septiembre su primer diálogo oficial sobre inteligencia artificial bajo la actual administración estadounidense. Cinco fuentes conocedoras de las negociaciones han explicado a Reuters que ambos países quieren abordar los riesgos asociados a sus modelos de IA más avanzados, aunque la fecha, el lugar y la agenda todavía no están cerrados.
La delegación estadounidense estaría encabezada por Scott Bessent, secretario del Tesoro, mientras Pekín todavía debe decidir qué organismos participarán. La reunión se celebraría antes de la visita de Xi Jinping a Estados Unidos prevista para el 24 de septiembre, pero ninguno de los dos gobiernos ha confirmado públicamente los detalles.
La reunión todavía no tiene una fecha definitiva
Las conversaciones nacen del encuentro mantenido en mayo entre Donald Trump y Xi Jinping, donde ambas partes acordaron crear un mecanismo intergubernamental dedicado a la inteligencia artificial. Bessent había adelantado entonces que los primeros contactos podrían comenzar en un plazo de cuatro a ocho semanas.
Los preparativos continúan en una fase inicial. Washington todavía debe completar su delegación, mientras las autoridades chinas realizarán consultas internas antes de seleccionar a los ministerios y organismos que representarán al país. La agenda tampoco ha sido acordada, por lo que septiembre debe tratarse como una previsión y no como una convocatoria definitiva.
La Casa Blanca, el Departamento de Estado y el Tesoro estadounidense no respondieron inicialmente a las consultas de Reuters. Tampoco lo hicieron los principales organismos chinos relacionados con industria, regulación de internet, desarrollo económico y política exterior, reforzando el carácter todavía preliminar de las negociaciones.
Los modelos más potentes centrarán las conversaciones
Washington y Pekín quieren estudiar salvaguardas para los modelos capaces de reforzar operaciones militares, facilitar ciberataques contra infraestructuras críticas o alterar sectores económicos enteros. No se pretende regular cualquier asistente, sino las tecnologías con capacidades suficientemente avanzadas para generar riesgos estratégicos.
Uno de los objetivos sería impedir que grupos criminales, organizaciones terroristas u otros actores no estatales puedan utilizar estos modelos para atacar redes, servicios financieros o sistemas esenciales. Bessent ya defendió en mayo un protocolo de buenas prácticas que limite la difusión peligrosa sin paralizar la innovación.
La dificultad estará en determinar qué características convierten un modelo en suficientemente avanzado como para exigir controles especiales. La capacidad de programar, descubrir vulnerabilidades, manejar herramientas o actuar con autonomía puede resultar más relevante que el número de parámetros utilizado durante su entrenamiento.
También deberán decidirse los mecanismos de evaluación y comprobación. Un acuerdo tendría poca utilidad si cada país aplica definiciones diferentes o no existe una forma aceptada de determinar cuándo un modelo alcanza capacidades capaces de comprometer la seguridad nacional, las infraestructuras o los sistemas militares.
I see no way to keep distillation from happening. Anthropic tried by inserting some code to detect and the planet erupted.
This is a lot harder than banning GPUs. You could shut down VPNs. You can ring fence. None of this will work.
I have been told by some folks in DC that… https://t.co/IccLqsGNGw
— Patrick Moorhead (@PatrickMoorhead) July 21, 2026
La propiedad intelectual también llegará a la mesa
Estados Unidos mantiene dudas sobre la forma en que algunos laboratorios chinos habrían aprovechado modelos estadounidenses para entrenar sus propias propuestas. Bessent afirmó que Washington está encontrando marcas de agua procedentes de grandes modelos estadounidenses en sistemas desarrollados en China, una acusación que todavía no se ha acompañado de pruebas públicas detalladas.
El debate se relaciona con la destilación de modelos, una técnica mediante la que un sistema más pequeño aprende utilizando las respuestas producidas por otro más avanzado. El procedimiento no es ilegal por sí mismo, pero puede vulnerar condiciones de uso o derechos de propiedad intelectual cuando se realiza sin autorización.
La Administración estadounidense también estudia si debe imponer restricciones comerciales a determinadas compañías chinas. Hasta la fecha ha evitado incorporar a DeepSeek, CXMT y más de un centenar de empresas señaladas por posibles riesgos de seguridad a nuevas listas comerciales, buscando no elevar la tensión antes de las negociaciones con Pekín.
El control técnico de la destilación resulta especialmente complicado porque las respuestas de un modelo pueden recopilarse desde numerosos países, cuentas o intermediarios. Incluso unas reglas comunes serían difíciles de aplicar sin mecanismos de supervisión que ambas partes consideren aceptables.
China quiere discutir los modelos de pesos abiertos
Pekín pretende conocer cómo regulará Washington el lanzamiento de sus futuros modelos más avanzados, además de saber si impondrá restricciones a los modelos chinos de pesos abiertos. Estas propuestas permiten descargar sus parámetros, ejecutarlas localmente y adaptarlas sin depender de una plataforma comercial cerrada.
China ha convertido este planteamiento abierto en una pieza importante de su estrategia tecnológica. Sus autoridades defienden que la inteligencia artificial debe resultar accesible para más países, mientras Estados Unidos teme que la libre distribución de capacidades avanzadas dificulte controlar su uso militar o delictivo.
Al mismo tiempo, Pekín estudia sus propias restricciones para evitar que determinadas tecnologías, datos de entrenamiento o modelos estratégicos salgan del país sin control. La rivalidad ya no consiste únicamente en limitar el acceso chino a chips estadounidenses, sino también en proteger los avances tecnológicos desarrollados dentro de China.
Los modelos de pesos abiertos también ofrecen a China una vía para ampliar su influencia tecnológica internacional. Empresas, universidades y administraciones pueden desplegarlos en sus propias infraestructuras, reduciendo la dependencia de servicios estadounidenses como los ofrecidos por OpenAI, Anthropic o Google.
Zhipu acquires 中科加禾/XCore Sigma, spun off CAS ICT compiler lab, a top AI infra teams w/ experience w/ Ascend, Cambricon, Sunway & Loongson
-> focus on optimization for multi-domestic chips in runtime systems, compiler suite & inference engine.Sits on top of 1GW Data Center… https://t.co/ASLLGLc8h4 pic.twitter.com/h2cYxP3GKr
— tphuang (@tphuang) July 21, 2026
Pekín reclama un diálogo técnico y no político
Las fuentes consultadas indican que China quiere mantener conversaciones técnicas con resultados concretos, evitando que el encuentro se convierta únicamente en otro enfrentamiento político. Entre los primeros pasos podría figurar una definición compartida de modelo avanzado o la identificación de capacidades que requieren vigilancia especial.
Paul Triolo, socio de DGA-Albright Stonebridge Group, considera improbable que la primera reunión resuelva cuestiones importantes. El resultado más realista sería acordar un lenguaje común, canales directos de comunicación y principios básicos que permitan desarrollar negociaciones posteriores.
Las diferencias siguen siendo profundas. Estados Unidos quiere conservar su ventaja tecnológica y proteger la propiedad intelectual de sus compañías, mientras China rechaza que Washington utilice la seguridad como argumento para limitar el desarrollo o la distribución internacional de sus modelos.
Un acuerdo inicial podría centrarse en áreas donde ambas partes comparten intereses, como evitar que sistemas autónomos accedan a armas nucleares, controlar ataques contra infraestructuras críticas o establecer canales de emergencia ante incidentes provocados por modelos avanzados.
Será el primer diálogo oficial bajo la administración Trump
Estados Unidos y China ya mantuvieron contactos de menor nivel sobre inteligencia artificial durante 2024. Aquellas conversaciones culminaron en un acuerdo para que las decisiones relacionadas con el uso de armas nucleares permanecieran bajo control humano, pero el encuentro de septiembre sería el primer diálogo oficial sobre IA bajo la administración Trump.
La reunión tampoco supondrá una tregua en la competición tecnológica. Washington mantiene controles sobre la exportación de los chips más avanzados, mientras Pekín impulsa procesadores nacionales, centros de datos propios y modelos abiertos para reducir su dependencia de proveedores estadounidenses.
El valor inmediato de las conversaciones estará en crear una vía directa para gestionar incidentes y riesgos compartidos. Aunque resulte improbable alcanzar un acuerdo amplio en septiembre, establecer definiciones comunes, mecanismos de consulta y límites básicos podría evitar que la carrera por la IA avance sin ninguna norma entre sus dos principales protagonistas.
Vía: Wccftech










