Microsoft estaría preparando el mayor giro conceptual en la historia de Xbox. Según un informe de Windows Central, la siguiente generación de Xbox no utilizaría un sistema operativo de consola tradicional, sino una versión personalizada de Windows 11, adaptada para arrancar directamente en una interfaz Xbox a pantalla completa.
En la práctica, el sistema funcionaría como un PC gaming que inicia por defecto en modo consola, manteniendo la experiencia Xbox habitual, pero permitiendo salir de ese entorno para acceder al Windows 11 completo, con todo lo que ello implica.
Una Xbox que se comporta como un PC gaming
La interfaz de arranque sería similar a la actual Xbox Full Screen Experience (FSE), un modo ya conocido por reducir la sobrecarga del sistema. Según datos previos, este entorno logra una reducción del uso de RAM del 9,3% y un aumento de rendimiento en juegos de alrededor del 8,6% en FPS, gracias a un sistema más ligero.
La gran diferencia es que, en esta nueva Xbox, el usuario podría salir de la interfaz Xbox y utilizar el sistema como un PC completo, con soporte nativo para Steam, Epic Games Store y otras tiendas, además de aplicaciones tradicionales de Windows, sin renunciar al catálogo Xbox.
Fin del jardín vallado en consolas
De confirmarse, este enfoque supondría el primer abandono real del modelo de consola cerrada que ha definido el sector durante décadas. Xbox pasaría a ser un sistema híbrido, capaz de servir tanto para jugar como para tareas de productividad, incluyendo aplicaciones de Microsoft 365 como Word, Excel o Teams, todo desde el mismo dispositivo conectado al salón.
Según el informe, los equipos de Windows y Xbox estarían trabajando de forma conjunta para adaptar Windows 11 al uso desde el sofá, priorizando interfaz, rendimiento y control con mando.
Múltiples dispositivos y socios de hardware
Microsoft no estaría planteando una única consola estándar. En su lugar, estaría colaborando con socios de hardware como ASUS para lanzar varios dispositivos a distintos precios, replicando un enfoque más cercano al ecosistema PC que al modelo clásico de consola única.
Aunque se menciona la posibilidad de un dispositivo portátil first-party, el foco principal seguiría estando en una consola de sobremesa potente, pensada como pilar del ecosistema Xbox de nueva generación.
AMD Magnus: el mayor APU visto en una consola
En el apartado técnico, AMD ya ha confirmado que la nueva Xbox utilizará el SoC “Magnus”, descrito como el APU más grande jamás diseñado para una consola de consumo. Se habla de un diseño chiplet de 408 mm², con 144 mm² dedicados al SoC fabricado en TSMC N3P, mientras que la GPU ocuparía 264 mm².
La configuración incluiría hasta 11 núcleos de CPU, combinando 3 núcleos Zen 6 y 8 núcleos Zen 6c, junto a una GPU RDNA 5 con 68 Compute Units, cuatro shader engines y al menos 24 MB de caché L2. La memoria podría escalar hasta 48 GB de GDDR7 sobre un bus de 192 bits, una cifra muy por encima de la generación actual.
Además, se menciona la presencia de una NPU dedicada, con una potencia estimada de hasta 110 TOPS, orientada a IA local, reescalado, inferencia y futuras funciones avanzadas del sistema.
Una Xbox pensada para el futuro del ecosistema
Todo apunta a que Microsoft quiere que la próxima Xbox no sea solo una consola, sino un nodo central del ecosistema Windows gaming, capaz de unificar PC y consola bajo una misma plataforma. Si esta estrategia se confirma, marcaría un antes y un después en el sector, redefiniendo qué entendemos por consola doméstica.
Vía: TechPowerUp










