Las consolas portátiles gaming no han dejado de evolucionar en los últimos años. CPUs más potentes, GPUs integradas cada vez más capaces y configuraciones de memoria propias de un PC moderno han permitido que estos dispositivos ejecuten juegos actuales con un nivel de rendimiento impensable hace poco tiempo. Sin embargo, no todo el mundo está convencido de que esta evolución vaya acompañada de una buena relación calidad-precio.
Uno de los últimos en expresar sus dudas ha sido Mike Ybarra, ex presidente de Blizzard Entertainment, quien considera que, pese a los avances técnicos, estas máquinas siguen estando fuera del alcance económico de la mayoría de jugadores.
El debate surge tras el análisis de Digital Foundry
La discusión se originó después de que Digital Foundry publicara en X su análisis de la GPD Win 5, afirmando que se trata de la primera consola portátil que han probado capaz de ofrecer un rendimiento cercano al de una PlayStation 5 en formato portátil.
Ybarra respondió directamente a esa publicación, cuestionando el enfoque y subrayando que las consolas tradicionales siguen ofreciendo mucho más valor por menos dinero, incluso aunque carezcan de portabilidad.
Un precio difícil de justificar
Uno de los puntos centrales de la crítica es el precio. Según Ybarra, la GPD Win 5 ronda los 1.500$, aunque en la práctica el modelo con Ryzen AI Max 385 arranca en 1.870$ (~1.595€) en la tienda oficial del fabricante. Una cifra que, a su juicio, resulta excesiva para un único dispositivo de juego, incluso teniendo en cuenta la ventaja de poder ejecutar títulos exigentes en cualquier lugar.
El ex directivo reconoce el atractivo de jugar títulos de alto nivel en formato portátil, pero considera que el coste no compensa el beneficio para el grueso de los usuarios.
Consolas subvencionadas y mayor accesibilidad
Frente a este modelo, Ybarra defiende la estrategia tradicional de las consolas domésticas. Por mucho menos dinero, sostiene, un jugador puede adquirir una PlayStation 5 Pro y aún disponer de presupuesto para juegos y suscripciones.
El argumento clave está en el modelo subvencionado del hardware de consola. Los fabricantes venden las máquinas con márgenes reducidos o incluso pérdidas iniciales, recuperando la inversión a través de servicios, ventas digitales y royalties. Esto permite que dispositivos potentes lleguen al mercado a precios mucho más accesibles.
Coste creciente y longevidad del hardware
Ybarra también pone el foco en la escalada de precios de componentes clave como GPU y RAM, una tendencia que podría hacer que las consolas portátiles de gama alta sean aún más caras en el futuro. Además, cuestiona su longevidad frente a las consolas actuales.
En su opinión, sistemas como PS5, PS5 Pro o Xbox Series X cuentan con la potencia suficiente para seguir siendo relevantes durante al menos cuatro años más, ofreciendo una vida útil clara y predecible para el consumidor.
El matiz: jugar en consola también tiene costes añadidos
Eso sí, Ybarra reconoce que el ecosistema de consola tampoco está exento de gastos adicionales. La PS5 Pro, con un precio oficial de 749,99$, requiere además un televisor 4K de calidad para aprovechar plenamente su potencial gráfico, lo que eleva el desembolso total.
Aun así, su conclusión es clara: para la mayoría de jugadores, una consola tradicional sigue siendo la opción más sensata, mientras que las portátiles de alto rendimiento quedan relegadas a un nicho muy concreto, dispuesto a pagar un sobrecoste importante por la portabilidad.
El debate, en cualquier caso, refleja una realidad evidente: el hardware portátil avanza rápido, pero el equilibrio entre potencia, precio y público objetivo sigue siendo su mayor reto en 2026.
Vía: NotebookCheck


















