Valve ha dejado una Steam Machine bastante más reparable de lo que parecía, pero también ha mostrado una realidad incómoda. ETA Prime ha desmontado la versión de 2 TB con Steam Controller y la ha llevado al límite con 64 GB de RAM y un SSD NVMe de 4 TB, elevando el coste total hasta 3.247$.
El experimento no convierte a Steam Machine en una bestia gráfica, porque los 8 GB de VRAM GDDR6 no son ampliables. Aun así, sirve para ver cómo está construida por dentro, hasta dónde se puede actualizar y qué decisiones de Valve son positivas o discutibles en un mini PC de salón tan caro.
La Steam Machine parte con una configuración ajustada
La versión usada por ETA Prime es la Steam Machine de 2 TB con Steam Controller, cuyo precio oficial es de 1.428$ / 1.428€. El equipo incluye una APU semipersonalizada de AMD con CPU Zen 4 de 6 núcleos y 12 hilos, solución gráfica RDNA 3 con 28 unidades de cómputo, 16 GB DDR5 y 8 GB GDDR6.
La base técnica es coherente para un PC compacto con SteamOS, pero no espectacular para su precio. Valve vende integración, tamaño, silencio y experiencia de salón, no una relación rendimiento-precio comparable a la de una torre gaming tradicional con componentes estándar.
Ahí aparece el punto central del vídeo. Steam Machine se puede ampliar, pero no se puede transformar en otra categoría de máquina, porque la GPU sigue siendo la misma y la VRAM queda soldada. Más RAM y más SSD mejoran comodidad, multitarea y biblioteca instalada, no la potencia gráfica bruta.
El desmontaje exige paciencia, pero no parece hostil
ETA Prime tuvo que retirar dos tornillos T8 traseros y otros cuatro ocultos en las patas de goma para separar la carcasa. Después desmontó parte del ventilador y extrajo los componentes internos del chasis compacto. No es una tapa rápida de portátil, pero tampoco un diseño sellado contra el usuario.
La placa base queda encajada entre un gran disipador de cobre y aluminio y la fuente de alimentación. Ese diseño obliga a desconectar antenas Wi-Fi, retirar placas de E/S y trabajar con cuidado, así que no es una ampliación pensada para cualquiera que solo quiera cambiar RAM en cinco minutos.
La parte positiva es importante: para llegar a los módulos SODIMM no tuvo que retirar el disipador de la CPU ni tocar pasta térmica. Valve ha hecho que el acceso a la memoria sea laborioso, pero no especialmente peligroso para quien tenga herramientas y experiencia.
La RAM confirma el punto más polémico de Steam Machine
Valve monta de fábrica un único módulo DDR5-5600 de 16 GB, lo que deja la Steam Machine en modo single-channel. La compañía ya confirmó que las primeras unidades llegarán así, aunque el sistema cuenta con dos ranuras SODIMM y puede trabajar en doble canal si se instala un segundo módulo compatible.
ETA Prime sustituyó el módulo original por dos unidades Crucial DDR5-5600 SODIMM de 32 GB, alcanzando 64 GB. SteamOS reconoció unos 62 GB utilizables, una cifra normal por reserva de sistema. La ampliación funciona, pero el propio autor la considera excesiva para este hardware.
El detalle importa más por la configuración original que por el upgrade extremo. Una Steam Machine de más de 1.000€ con un solo módulo de RAM transmite sensación de recorte, aunque Valve defienda que el impacto real en juegos no siempre será grande por el uso de GPU dedicada.
El SSD sí es una buena noticia para el usuario
El almacenamiento resulta bastante más sencillo. ETA Prime solo tuvo que retirar un panel para acceder a la unidad M.2, y Valve dejó espacio suficiente para montar un SSD M.2 2280 completo. Este es uno de los puntos mejor resueltos del diseño interno, porque facilita una ampliación futura sin desmontar media máquina.
La Steam Machine original usa un SSD más corto en adaptador, pero el chasis permite una unidad de tamaño estándar. ETA Prime instaló un SSD NVMe Kingston Fury Renegade de 4 TB, anunciado con velocidades de hasta 7.300 MB/s, y clonó la unidad original para conservar SteamOS sin reinstalar desde cero.
Esta parte deja una lectura más positiva. Valve no ha cerrado el almacenamiento ni ha obligado a formatos raros, algo esencial en un producto pensado para bibliotecas de Steam cada vez más pesadas. En 2026, 2 TB ya no son una barbaridad para juegos AAA.
El coste de la ampliación deja una cifra absurda
La parte más llamativa es el precio. Al coste base de 1.428$ / 1.428€ hay que sumar 999$ del SSD NVMe Kingston Fury Renegade de 4 TB y 820$ de los 64 GB Crucial DDR5-5600. El total ronda 3.247$.
A esa cifra, la comparación con un PC de sobremesa resulta inevitable. Por unos 3.000$ se puede montar una torre gaming muchísimo más potente, con más VRAM, mejor solución gráfica dedicada, más margen térmico y mayor capacidad de actualización a largo plazo.
La Steam Machine tiene otro objetivo, pero el experimento deja claro su límite económico. Como PC compacto de salón es interesante; como plataforma para invertir más de 3.000$ en ampliaciones, pierde casi todo el sentido práctico.
Más RAM no soluciona los 8 GB de VRAM
El gran cuello de botella sigue siendo la solución gráfica. Steam Machine utiliza una GPU RDNA 3 Navi 33 con 28 unidades de cómputo y 8 GB de GDDR6, una configuración que no puede ampliarse. Da igual instalar 64 GB de RAM si los juegos más exigentes se quedan cortos de VRAM.
Esto es especialmente importante para 1440p alto, texturas pesadas o 4K con escalado. La memoria del sistema ayuda en multitarea, shaders, sistema operativo y cargas secundarias, pero no convierte la GPU en una RTX moderna ni elimina las limitaciones de un chip móvil compacto.
Por eso la ampliación extrema tiene más valor técnico que práctico. Sirve para demostrar reparabilidad y margen de actualización, no para justificar convertir Steam Machine en una máquina de 3.247$. El equilibrio real seguramente estaría en añadir otro módulo de 16 GB y, como mucho, ampliar SSD.
Valve acierta en reparabilidad, pero no en percepción de valor
El desmontaje deja a Valve mejor de lo esperado en diseño interno. Hay acceso a RAM, espacio para SSD 2280 y una arquitectura compacta, pero no completamente cerrada, algo que contrasta con muchos dispositivos de salón donde cualquier reparación depende casi por completo del fabricante.
El problema es la percepción global. Steam Machine destaca por diseño, silencio e integración, pero queda mal frente a PCs gaming convencionales en rendimiento por precio. ETA Prime añade otra capa: se puede mejorar, sí, pero a precios que empeoran todavía más esa comparación.
La conclusión es bastante clara. Steam Machine es más reparable y ampliable de lo que muchos esperaban, pero sus límites reales siguen estando en la GPU, la VRAM y el precio de partida. Como GabeCube de salón tiene encanto; como inversión extrema, es difícil defenderla.
Vía: NotebookCheck










