Radxa ha presentado la Dragon Q8B, una nueva placa SBC que compite en formato con la Raspberry Pi 5, pero apunta a un perfil bastante más profesional. El modelo integra un Snapdragon 8cx Gen 3, admite hasta 32 GB de memoria LPDDR4X y declara hasta 29 TOPS de rendimiento en IA.
La propuesta no parece pensada solo para proyectos domésticos o aprendizaje. Con doble Ethernet 2,5 GbE, dos ranuras M.2 2280, salida de vídeo 4K a 120 Hz y opciones de expansión industrial, la Dragon Q8B busca cubrir IA local, automatización, visión artificial y despliegues profesionales compactos.
Una SBC más cercana al entorno industrial que al usuario doméstico
La Radxa Dragon Q8B utiliza un formato de placa única, pero su planteamiento se aleja bastante de una Raspberry Pi básica. El uso del Snapdragon 8cx Gen 3 permite ofrecer más margen de CPU, gráficos e IA, situándola como una plataforma compacta para proyectos con más exigencia técnica.
Ese enfoque encaja con usos como detección de objetos en tiempo real, inferencia local, señalización digital avanzada o control industrial. La clave está en que la placa puede procesar datos cerca del dispositivo, evitando depender siempre de la nube. En estos escenarios, la baja latencia y el procesamiento local pueden ser más importantes que el precio mínimo.
También hay una lectura de mercado clara. La Raspberry Pi 5 sigue siendo una referencia por comunidad, precio y disponibilidad, pero no siempre es la mejor opción para tareas de IA o conectividad avanzada. Radxa intenta cubrir ese hueco con una SBC más cara, pero bastante más equipada para aplicaciones profesionales.
Snapdragon 8cx Gen 3 y hasta 29 TOPS para IA local
El Snapdragon 8cx Gen 3 es el centro de la placa, con un rendimiento de IA anunciado de hasta 29 TOPS. Eso sí, la cifra parece referirse al conjunto del sistema y no únicamente a la NPU, un matiz importante para evitar lecturas infladas sobre la capacidad real de aceleración dedicada.
Incluso con esa cautela, el dato resulta interesante para una SBC. La Dragon Q8B puede tener sentido en tareas de visión artificial, análisis de imagen, automatización local o modelos ligeros, especialmente cuando el proyecto necesita IA integrada en un dispositivo pequeño y relativamente eficiente.
No hablamos de una placa para entrenar modelos grandes, sino de una solución para inferencia y procesamiento en borde. En ese terreno, combinar CPU ARM, aceleración de IA y buena conectividad puede resultar más útil que perseguir potencia bruta de escritorio.
Doble M.2 y varias opciones de almacenamiento
La placa admite hasta 32 GB de memoria LPDDR4X, una cifra elevada para una SBC y bastante útil en proyectos que manejan varios servicios, contenedores o cargas de IA ligeras. No es memoria de última generación, pero sí ofrece margen suficiente para escenarios más serios que el uso educativo básico.
En almacenamiento, la Dragon Q8B incluye dos ranuras M.2 2280: una con dos líneas PCIe 3.0 y otra con cuatro líneas PCIe 3.0. Esta configuración permite montar unidades NVMe de forma flexible, algo importante si el sistema debe trabajar con vídeo, registros, bases de datos locales o modelos almacenados en la propia placa.
Además, la placa admite UFS y mantiene ranura microSD, lo que amplía las opciones de arranque, pruebas y despliegue. Esta variedad ayuda a separar sistema, datos y almacenamiento rápido, una ventaja práctica cuando se usa la SBC como nodo local para proyectos permanentes.
Doble Ethernet 2,5 GbE para redes más exigentes
Uno de los puntos más relevantes está en la conectividad por cable. La Radxa Dragon Q8B incorpora dos puertos Ethernet con velocidades de hasta 2,5 Gbps, una configuración poco habitual en placas orientadas al usuario general y muy útil para gateways, routers, servidores ligeros o aplicaciones industriales conectadas.
Este doble enlace abre más posibilidades que una SBC convencional. Puede servir para separar redes, conectar cámaras IP, crear sistemas de monitorización o manejar tráfico local sin recurrir a adaptadores externos. En un proyecto profesional, tener doble red integrada reduce complejidad y mejora fiabilidad del montaje.
La conectividad inalámbrica queda en manos de tarjetas M.2 2230, lo que también aporta flexibilidad. El usuario puede elegir Wi-Fi, Bluetooth o módulos concretos según el despliegue, en lugar de quedar limitado a una configuración fija. Para entornos industriales, esa modularidad puede ser más valiosa que integrar una radio genérica de serie.
Vídeo 4K a 120 Hz y expansión por GPIO
La salida de vídeo se realiza mediante HDMI 2.1 y dos puertos USB Type-C, con soporte para hasta 4K a 120 Hz. Esta capacidad puede resultar útil en señalización digital, paneles de control, interfaces industriales o proyectos multimedia donde la SBC actúa como cerebro compacto para pantallas de alta resolución.
Como buena placa SBC, también incluye un cabezal de 40 pines con soporte para GPIO, I2C y SPI, entre otras funciones. Este punto mantiene compatibilidad conceptual con el ecosistema maker, aunque el precio y la potencia de la Dragon Q8B la colocan claramente en un escalón más profesional que educativo.
La expansión adicional mediante conector FPC con una línea PCIe 3.0 también puede abrir usos específicos. No sustituye a una ranura PCIe completa, pero permite conectar módulos o tarjetas de expansión diseñadas para proyectos concretos. En este tipo de placa, la capacidad de adaptar hardware externo marca gran parte de su valor.
Precio alto frente a Raspberry Pi, pero con otro objetivo
La versión con 8 GB de RAM aparece listada en Arace Tech por unos 210$ (~181€), con envíos previstos para finales de julio. También figura en Amazon, aunque no se puede pedir en el momento indicado. Frente a una Raspberry Pi 5, el precio es claramente superior, pero la comparación directa no cuenta toda la historia.
La Dragon Q8B ofrece más memoria máxima, más conectividad de red, mejor almacenamiento interno y un SoC más orientado a IA local. Eso no la convierte automáticamente en mejor compra para todos, pero sí la hace más interesante para usuarios que necesitan una placa compacta con prestaciones industriales y margen de expansión.
La lectura final es que la Radxa Dragon Q8B no intenta sustituir a la Raspberry Pi 5 en proyectos baratos, sino cubrir un terreno donde la Pi puede quedarse corta. Si el soporte de software acompaña, puede ser una opción potente para IA en borde, automatización, redes avanzadas y sistemas embebidos profesionales.
Vía: NotebookCheck











