El nuevo BMW i3 se posiciona como uno de los pilares dentro de la estrategia de electrificación de la marca, apostando por una reducción integral del CO2e a lo largo de todo el ciclo de vida del vehículo. Este modelo, integrado en la filosofía de la Neue Klasse, introduce mejoras en materiales secundarios, procesos de producción y diseño orientado al reciclaje, con el objetivo de reducir el impacto ambiental desde la fase de desarrollo hasta el final de su uso.
Uno de los avances más relevantes es la incorporación de hasta un 30% de materiales reciclados en el conjunto del vehículo, junto a mejoras en la cadena de suministro y en las nuevas baterías Gen6. Este planteamiento no solo reduce emisiones, sino que también refuerza la eficiencia en el uso de recursos, un factor cada vez más crítico en el sector del automóvil eléctrico.
Más aluminio reciclado y evolución en baterías Gen6
El BMW i3 incrementa el uso de aluminio secundario en múltiples componentes, alcanzando hasta un 80% en piezas estructurales como los nudillos de suspensión, mientras que las llantas integran cerca de un 70% de aluminio reciclado. Esta decisión reduce significativamente la huella de carbono asociada a la producción de materiales, especialmente en procesos intensivos como la fundición.
En el apartado eléctrico, la carcasa del motor trasero utiliza aluminio reciclado producido parcialmente con energía renovable, mientras que las nuevas celdas Gen6 incorporan materiales secundarios en cobalto, litio y níquel. Este rediseño permite una reducción aproximada del 33% en emisiones de CO2e por vatio-hora, marcando una diferencia clara frente a la generación anterior y reforzando la eficiencia del sistema energético.
Diseño circular y nuevos materiales reciclables
El modelo adopta el enfoque Design for Circularity, centrado en facilitar el reciclaje y desmontaje de los componentes. Un ejemplo clave es el rediseño del parachoques delantero, que reduce los materiales de 15 a 7 tipos, elevando el porcentaje de plástico reciclable del 46% al 85%, lo que mejora la recuperación de materiales al final de la vida útil.
También se introducen soluciones como los tapizados Econeer, fabricados con PET 100% reciclado, diseñados para facilitar el desmontaje por materiales y reducir el consumo de recursos durante su producción. A esto se suman elementos fabricados con plásticos reciclados de origen oceánico, procedentes de redes y cuerdas de pesca, así como el uso de fibras textiles recicladas en el interior.
Este enfoque evidencia una evolución clara en el diseño industrial, donde la sostenibilidad no se limita a la electrificación, sino que abarca también la gestión de materiales y la reutilización de recursos.
Reducción de emisiones y ventaja frente a combustión
Más allá del vehículo, el BMW i3 introduce mejoras en la cadena de suministro, con un mayor uso de energías renovables en la producción de componentes y baterías. Estas medidas permiten reducir las emisiones en torno a un 33% respecto a la media del sector, consolidando un enfoque más eficiente en toda la fase de fabricación.
En uso real, el modelo puede alcanzar una ventaja neta de CO2e frente a un vehículo de combustión en solo 1-2 años, dependiendo del origen de la electricidad utilizada. Este dato es clave, ya que demuestra que la eficiencia del vehículo eléctrico no solo depende de su uso, sino también del contexto energético en el que opera.
Además, BMW incorpora herramientas de transparencia como la Product Carbon Footprint, que permite conocer el impacto ambiental completo del vehículo. Este tipo de soluciones refuerza una tendencia creciente en el sector: ofrecer datos verificables sobre emisiones y sostenibilidad, más allá de las cifras tradicionales de consumo o autonomía.
Vía: BMW













