El problema de la escasez de memoria ha dejado de ser un asunto técnico para convertirse en un factor estructural que empieza a condicionar las estrategias de producto de las grandes tecnológicas orientadas al mercado de consumo. La falta de DRAM ya no solo afecta a calendarios industriales, sino que empieza a reflejarse de forma directa en precios, volúmenes de producción y planes de lanzamiento.
Un reciente informe de Bloomberg apunta a que la presión sobre el suministro de memoria está comenzando a erosionar márgenes, alterar planes corporativos y encarecer productos que van desde portátiles y smartphones hasta automóviles y centros de datos, con una situación que, lejos de mejorar, podría intensificarse en los próximos trimestres.
La demanda de IA rompe el equilibrio del mercado de memoria
El origen del problema no es nuevo, pero su impacto sí lo es. El despliegue masivo de infraestructura de IA ha generado un desequilibrio extremo entre oferta y demanda, especialmente en el segmento de DRAM de gama empresarial. Esta presión es tan elevada que, a corto plazo, ni los grandes fabricantes ni sus clientes pueden garantizar un suministro estable.
Compañías como Samsung y Micron se encuentran en una posición compleja, con la producción orientada cada vez más hacia soluciones de alto margen para centros de datos, dejando al mercado de consumo en una situación claramente secundaria. El resultado es un entorno en el que la memoria se convierte en un cuello de botella crítico para productos tradicionales.
Subir precios o reducir oferta, las dos únicas salidas
Para las empresas que dependen de forma directa de la DRAM, el margen de maniobra es mínimo. Según el análisis de Bloomberg, solo existen dos alternativas viables: trasladar el incremento del coste al precio final o recortar la producción para ajustarse al suministro disponible.
La segunda opción, sin embargo, tiene un impacto directo sobre el valor para el accionista, lo que explica por qué muchas compañías están optando por subidas agresivas de precios. Esta dinámica ya se deja notar en varios sectores, desde el PC hasta la electrónica de consumo, con un efecto dominó que empieza a afectar a calendarios y expectativas.
Retrasos y tensiones en consolas, móviles y PC
Las consecuencias no se limitan a un único segmento. En el ámbito del gaming, ya se habla de retrasos en la próxima generación de consolas, con lanzamientos que podrían desplazarse más allá de 2029. En el mercado móvil, Apple estaría compitiendo activamente por capacidad de DRAM, mientras que Samsung se enfrenta a tensiones internas incluso con su propia división de memoria.
En el sector del PC, los efectos secundarios empiezan a ser visibles: lanzamientos de GPU pospuestos, menor claridad sobre futuros productos y un enfriamiento general del entusiasmo en el ecosistema entusiasta. Todo ello refleja hasta qué punto la memoria se ha convertido en un factor limitante transversal.
Un problema que se prolongará en el tiempo
Con el gasto de los hiperescaladores marcando nuevos máximos y la demanda de DRAM de nivel empresarial sin señales de desaceleración, todo apunta a que la escasez se mantendrá durante varios trimestres. Mes tras mes, el segmento de consumo seguirá compitiendo por un suministro cada vez más restringido.
La gran incógnita es si esta situación se prolongará lo suficiente como para debilitar la confianza del comprador, generando un impacto a largo plazo en la demanda de productos tecnológicos. Si la presión sobre precios y disponibilidad persiste, el mercado podría enfrentarse no solo a un ajuste coyuntural, sino a un cambio estructural en la forma en que se diseñan, lanzan y valoran los productos de consumo basados en memoria.
Vía: Wccftech











