Tesla no ha abandonado en ningún momento su ambición de entrar de lleno en el sector de semiconductores. Durante la última reunión con accionistas, Elon Musk volvió a insistir en el proyecto TeraFab, una red propia de fábricas de chips con la que Tesla busca eliminar cuellos de botella en el suministro y reducir su dependencia de socios externos en un contexto de tensiones geopolíticas y limitaciones estructurales de capacidad.
El planteamiento es ambicioso incluso para los estándares de Tesla. Musk habló de una infraestructura capaz de producir entre 100.000 y 200.000 millones de chips al año, integrando en una misma instalación lógica, memoria y empaquetado, con el objetivo de controlar toda la cadena de valor del silicio de IA que utiliza la compañía.
Un movimiento forzado por el suministro y la geopolítica
Según Musk, la motivación detrás de TeraFab no es solo estratégica, sino práctica. En sus propias palabras, la única forma de garantizar el volumen de chips que Tesla necesitará en los próximos años es construir una megafábrica doméstica.
«Una de las cosas que intento resolver es cómo fabricar suficientes chips. Para eliminar las limitaciones que probablemente surgirán en los próximos tres o cuatro años, debemos construir una gigantesca fábrica de chips, Tesla TeraFab. Tiene que ser una instalación doméstica a gran escala que incluya lógica, memoria y empaquetado.»
«No veo otra manera de alcanzar el volumen de chips que estamos buscando.»
Estas declaraciones encajan con una realidad ampliamente reconocida en la industria: los fabricantes sin fábrica propia (fabless) están cada vez más expuestos a restricciones de capacidad, especialmente cuando dependen de actores como TSMC, Samsung o Micron.
Una hoja de ruta de chips cada vez más amplia
Tesla ya cuenta con una hoja de ruta clara de silicio propio, que va desde los actuales AI5 hasta futuros AI9, pensados para conducción autónoma, robótica y computación de IA a gran escala. Musk insiste en que el objetivo no es solo potencia, sino computación rentable, algo que considera esencial para escalar productos como Optimus o los sistemas de autonomía total.
Ante las dudas sobre la viabilidad del proyecto, Musk fue directo al reconocer la dificultad del reto:
«Es cierto, las fábricas de chips son extremadamente difíciles. Lo sé. No pensé nunca que fueran fáciles, pero hacemos muchas cosas difíciles. Sería una locura no intentar TeraFab.»
¿Fábrica propia o alianza estratégica?
Aunque la idea de una red de fábricas totalmente independiente resulta atractiva desde el punto de vista del control, el reto es enorme. Montar una infraestructura de este tipo requiere talento altamente especializado, equipamiento extremo, inversiones de decenas de miles de millones de dólares y una cadena de suministro muy madura.
Por ello, dentro del sector también se baraja un escenario alternativo: que Tesla colabore estrechamente con una fundición existente, aportando capital para asegurar capacidad dedicada. De hecho, se sabe que TSMC ya permite a algunos clientes invertir en futuras líneas de producción a cambio de prioridad de acceso, una vía que reduciría el riesgo y la complejidad de una TeraFab completamente autónoma.
Tesla y el salto al negocio del silicio
Con Dojo 3 de nuevo sobre la mesa y un discurso cada vez más insistente sobre la propiedad de la fabricación, todo apunta a que TeraFab no es una ocurrencia pasajera. Si el proyecto avanza, Tesla no solo estaría apostando por vehículos eléctricos y robótica, sino que podría convertirse también en un actor relevante dentro del sector de semiconductores, un movimiento que cambiaría profundamente su perfil industrial.
Por ahora, no hay calendario ni cifras oficiales, pero el mensaje de Musk es claro: la escasez de chips y la geopolítica están empujando a Tesla a plantearse su propia infraestructura de fabricación, incluso si el camino es extremadamente complejo.
Vía: Wccftech










