La fabricación de semiconductores en Estados Unidos se ha convertido en una prioridad estratégica para buena parte de la industria, aunque no está exenta de sacrificios económicos. En el caso de TSMC, producir chips fuera de Taiwán implica un incremento notable de los costes operativos y una presión directa sobre los márgenes brutos, algo que la propia compañía asume como parte de un objetivo a largo plazo mucho más amplio.
El impulso a la narrativa del “fabricado en Estados Unidos”, reforzada en los últimos años por distintas administraciones y especialmente durante el mandato de Donald Trump, ha llevado a gigantes del sector a invertir de forma masiva en suelo estadounidense. En este contexto, TSMC planea elevar su compromiso con la cadena de suministro norteamericana hasta cifras cercanas a los 300.000 millones de dólares, incluyendo fábricas en Arizona, instalaciones de empaquetado avanzado y centros de investigación y desarrollo.
Fabricar en EE. UU. cuesta mucho más
Los datos disponibles muestran que operar fábricas en Estados Unidos resulta sensiblemente más caro que hacerlo en Taiwán. Dos factores destacan claramente por encima del resto: la depreciación por oblea y los costes laborales.
La depreciación refleja el coste total de construcción y equipamiento de una fábrica repartido a lo largo de su vida útil. Cuando una planta estadounidense produce muchas menos obleas que una equivalente en Taiwán, cada unidad acaba soportando una carga económica mucho mayor. En términos prácticos, esto se traduce en una depreciación por oblea varias veces superior, agravada además por los elevados costes de construcción y mantenimiento en territorio estadounidense.
A esto se suma el problema del personal especializado. Para cubrir las necesidades de una fábrica avanzada, TSMC puede optar por contratar ingenieros locales o trasladar talento desde Taiwán. Desde el punto de vista económico y operativo, esta segunda opción suele resultar más eficiente, pero no siempre es viable a gran escala.
Una diferencia cultural que también pesa
El propio fundador de la compañía, Morris Chang, ha señalado en el pasado que la cultura laboral influye directamente en la eficiencia operativa. En una comparación muy directa, explicó que una incidencia técnica nocturna en Taiwán suele resolverse de inmediato, mientras que en Estados Unidos el mismo problema puede esperar hasta el día siguiente. “Si algo se rompe de madrugada en Estados Unidos, se arregla por la mañana. En Taiwán, se arregla a las dos de la madrugada”, resumió en una ocasión, subrayando una diferencia estructural difícil de compensar solo con inversión.
Márgenes presionados, pero con un objetivo mayor
Este aumento de costes ya se está reflejando en los resultados financieros. La fábrica de Arizona ha registrado uno de los mayores descensos trimestrales de beneficio, precisamente por el peso de los gastos operativos. Aun así, TSMC mantiene su hoja de ruta y continúa apostando por Estados Unidos, consciente de que el retorno no es inmediato.
La razón es clara: diversificar la producción reduce la exposición a riesgos geopolíticos y ofrece mayor seguridad a los grandes clientes del sector tecnológico. Empresas clave del ecosistema, como NVIDIA, ven con buenos ojos esta estrategia, ya que les garantiza acceso a capacidad de fabricación avanzada incluso en escenarios de tensión internacional.
Una apuesta a décadas vista
Construir una cadena de suministro de semiconductores sólida en Estados Unidos no es un proyecto de pocos años. Requiere tiempo, capital y ajustes estructurales profundos. Sin embargo, para el mayor fabricante de chips por contrato del mundo, la diversificación geográfica ya no es opcional, sino un pilar estratégico para sostener su liderazgo a largo plazo.
Aunque los márgenes sufran en el corto plazo, TSMC parece decidida a mantener una expansión firme y sostenida en EE. UU., convencida de que el valor estratégico de esta apuesta supera con creces el impacto económico inmediato.
Vía: Wccftech


















