Samsung vuelve a situar el foco en la eficiencia energética con los primeros benchmarks de autonomía del Galaxy S26, que ponen en aprietos al Pixel 10 Pro XL equipado con el SoC Tensor G5 de Google. Las pruebas revelan diferencias claras en duración de batería incluso cuando el terminal de Samsung integra una batería aproximadamente 1.000 mAh menor, algo que en teoría debería situarlo en desventaja frente al dispositivo de Google.
Los resultados apuntan a que el problema no reside en la capacidad energética del Pixel, sino en el nivel de optimización del propio Tensor G5, cuyo rendimiento general y eficiencia han sido objeto de debate desde su llegada al mercado. Este escenario vuelve a poner sobre la mesa una realidad cada vez más evidente en el sector móvil: la eficiencia del silicio y la gestión energética del sistema pesan tanto o más que la capacidad de la batería.
Arquitectura del Tensor G5: enfoque en IA con limitaciones en CPU y GPU
El Tensor G5 mantiene el enfoque tradicional de Google hacia el procesamiento de inteligencia artificial y las tareas de aprendizaje automático, pero su diseño presenta algunas decisiones técnicas discutibles frente a los SoC más recientes del sector móvil. El chip utiliza una configuración de CPU de ocho núcleos basada en arquitectura ARM, con un diseño híbrido que combina núcleos de alto rendimiento, núcleos intermedios y núcleos de eficiencia energética.
La configuración concreta del procesador incluye 1 núcleo Cortex-X4 de alto rendimiento funcionando a 3,78 GHz, acompañado por 5 núcleos Cortex-A725 destinados a cargas intermedias a 3,05 GHz, además de 2 núcleos Cortex-A520 orientados a eficiencia que operan a 2,25 GHz. Este reparto busca equilibrar potencia y consumo energético, aunque en la práctica el chip no siempre logra competir con las soluciones más recientes de Qualcomm o MediaTek.
El SoC integra además una TPU de quinta generación, diseñada específicamente para acelerar procesos de IA y aprendizaje automático, junto a una GPU Imagination IMG DXT-48-1536 basada en arquitectura PowerVR que opera a 1,10 GHz. Sobre el papel, esta GPU debería situarse cerca del rendimiento de soluciones como Adreno 732/740 o Mali-G715 MP7, aunque carece de soporte para ray tracing, una característica que empieza a aparecer en otros chips móviles de gama alta.
El conjunto se completa con un módem Samsung Exynos 5G, encargado de la conectividad móvil. Este componente forma parte del ecosistema de comunicaciones del chip y contribuye también al comportamiento energético global del dispositivo.
Dos debilidades clave del Tensor G5 frente a la competencia
Las críticas hacia el Tensor G5 se centran principalmente en dos factores técnicos que afectan tanto al rendimiento como a la eficiencia energética. En primer lugar, Google habría optado por núcleos ARM relativamente antiguos, con casi tres años de antigüedad en algunos casos, una decisión que podría estar relacionada con la optimización de costes de desarrollo pero que termina reflejándose en el rendimiento frente a los SoC más recientes del mercado.
En segundo lugar, la GPU IMG PowerVR DXT-48-1536, pese a haber sido desarrollada en colaboración con Imagination Technologies, sigue mostrando un comportamiento irregular en escenarios exigentes. Incluso tras varias actualizaciones de software destinadas a mejorar su rendimiento, el apartado gráfico continúa quedando por detrás de otras soluciones presentes en la gama alta actual.
Este desequilibrio entre potencia teórica y rendimiento real también termina influyendo en el consumo energético, algo especialmente relevante cuando el dispositivo se enfrenta a cargas prolongadas como juegos, reproducción de vídeo o aplicaciones intensivas.
El Galaxy S26 demuestra que la eficiencia del chip sigue siendo clave
Los nuevos benchmarks de autonomía del Galaxy S26 reflejan con claridad el impacto real de estas limitaciones. En las pruebas de reproducción de vídeo, el terminal de Samsung consigue más de 3 horas adicionales de autonomía frente al Pixel 10 Pro XL, una diferencia considerable teniendo en cuenta que el dispositivo de Samsung integra una batería de menor capacidad.
La brecha se amplía aún más en escenarios de juego, donde el terminal de Samsung logra casi el doble de duración respecto al modelo de Google. Este tipo de pruebas resulta especialmente revelador, ya que el uso intensivo de la GPU y del procesador suele poner a prueba la eficiencia energética del sistema completo.
En términos de uso activo medio, el Galaxy S26 alcanza 15 horas y 20 minutos, mientras que el Pixel 10 Pro XL se queda en 12 horas y 29 minutos. Estos datos refuerzan la idea de que incrementar la capacidad de la batería no compensa un procesador poco eficiente, especialmente cuando el consumo energético del SoC se convierte en el factor limitante del dispositivo.
La eficiencia del SoC vuelve a ser determinante en los smartphones actuales
Las pruebas vuelven a poner de relieve una tendencia clara dentro del sector móvil: la optimización del procesador, la gestión térmica y el equilibrio energético del sistema son factores tan determinantes como la propia capacidad de la batería.
En este contexto, el Galaxy S26 demuestra que un diseño de silicio más eficiente puede ofrecer mejores resultados incluso con una batería más pequeña, mientras que el Tensor G5 vuelve a situarse en el centro del debate sobre la estrategia de Google en el desarrollo de sus propios chips para smartphones.
Vía: Wccftech










