Intel vuelve a situarse en el centro del debate sobre su estrategia gráfica de consumo tras aparecer nuevos informes que refuerzan la idea de que la Arc B770 no llegará finalmente al mercado. A diferencia de filtraciones previas, esta vez el foco no está en una posible duda técnica, sino en una decisión económica ya tomada, según fuentes citadas por medios especializados.
Este nuevo contexto amplía la información publicada a finales de enero y apunta a que la cancelación no sería provisional ni revisable, sino el resultado de un análisis interno sobre costes, retorno esperado y viabilidad a medio plazo dentro del segmento de GPU de gama media.
De la duda al repliegue estratégico
En enero ya se planteaba que la Arc B770 podría no materializarse, mientras Intel reforzaba su presencia en el segmento profesional con soluciones como Arc Pro. Los nuevos datos van un paso más allá y describen el proyecto como definitivamente descartado para consumo, no por imposibilidad técnica, sino porque no tendría sentido financiero en el contexto actual del mercado.
La Arc B770 estaba asociada al silicio BMG-G31, con una configuración esperada de 32 núcleos Xe, 16 GB de VRAM y bus de 256 bits, una combinación lógica para 1440p y escenarios exigentes en memoria. Sin embargo, esa misma configuración habría sido su principal problema desde el punto de vista de costes.
VRAM, precios y una ecuación complicada
Según el informe, el precio de la memoria gráfica habría sido uno de los factores decisivos. Mantener 16 GB de VRAM eleva de forma directa el coste de fabricación, obligando a posicionar la tarjeta en un rango de precio donde tendría que competir con modelos consolidados de 12 GB con marcas y ecosistemas más maduros.
Para que la ventaja de capacidad tuviera impacto real, Intel tendría que ajustar agresivamente el precio, reduciendo márgenes en un producto que además requiere inversión continuada en software, validación y soporte. En un segmento tan sensible al precio, cualquier desequilibrio convierte la propuesta en poco sostenible.
El peso del soporte de drivers a largo plazo
Uno de los puntos que más peso habría tenido en la decisión es el coste estructural del soporte de drivers. Una tarjeta gráfica dedicada exige actualizaciones constantes, optimización para nuevos juegos y mantenimiento durante años, independientemente del volumen de ventas inicial.
Si las previsiones de unidades vendidas no alcanzan un umbral suficiente, el coste por unidad del soporte crece rápidamente. En ese escenario, incluso una GPU lista para producción puede convertirse en un lastre económico, algo especialmente delicado para una arquitectura que todavía busca consolidarse frente a competidores muy asentados.
Qué implica para Battlemage en consumo
De confirmarse este repliegue, Intel podría optar por concentrar Battlemage en modelos más pequeños, donde el equilibrio entre coste, rendimiento y precio final resulte más favorable. El silicio de mayor tamaño podría destinarse a otros mercados, reutilizarse en productos distintos o quedar como base de aprendizaje interno.
Por ahora, Intel no ha emitido ningún comunicado oficial, por lo que toda la información debe seguir tratándose como rumor. No obstante, la coherencia entre filtraciones sucesivas y el contexto del mercado refuerzan la idea de que la Arc B770 ha dejado de encajar en la hoja de ruta de consumo de la compañía.
Vía: Guru3D










