Hoy en Fanáticos del Hardware os traemos Reus 2, la esperada secuela del particular simulador de Abbey Games que amplía y profundiza su propuesta de gestión ecológica y evolución humana. El título se lanzó originalmente en PC el 28 de mayo de 2024, fecha desde la que hemos podido analizar con calma su ambicioso entramado de sistemas y su marcada identidad estética. Meses después, el juego amplió su alcance con versiones para Xbox Series X|S y Nintendo Switch, disponibles desde el 23 de octubre de 2025. A esta base se suma ahora Praderas, su último DLC, publicado el 22 de enero de 2026 en PC, una expansión que introduce un nuevo bioma y mecánicas.
Mismo planeta, juguetes nuevos
La premisa de Reus 2 se mantiene igual que en aquel título de nicho de 2013: encarnamos a gigantes elementales capaces de moldear un planeta desde cero, colocando biomas, recursos, flora y fauna para que la humanidad prospere… o no. Aunque no disfruté de su predecesor, investigando un poco, Reus se ve casi como un experimento elegante. Mientras que esta secuela abraza sin complejos el diseño sistémico. Todo interactúa con todo, y cada decisión tiene ramificaciones que no siempre son evidentes en el corto plazo. Esa es su mayor virtud y, a la vez, su principal barrera de entrada.
Aun así, se desarrolla como un juego que no tiene prisa ni desea estresarte. El juego no te empuja, no te castiga por avanzar despacio y tampoco se preocupa en exceso por explicarlo todo de forma exhaustiva. Aprender a jugar pasa más por observar, experimentar y por seguir los pasos iniciales de un sencillo tutorial. Controlamos a un conjunto de gigantes (cada uno especializado en un ámbito concreto, como la fauna, la vegetación o los minerales) y los desplazamos por el mundo para ir construyendo ecosistemas viables.
Hasta aquí, todo es relativamente accesible. A fin de cuentas, estos gigantes no son más que la representación del jugador. Que cuenta con los poderes y el control de un dios, como sucede en este tipo de géneros. El problema (o el encanto) llega cuando empiezas a entender que colocar un trocito de bioma nunca es un gesto aislado.
Cada elemento del mundo afecta a los demás: las sinergias entre recursos, las preferencias de los asentamientos humanos, las creencias que desarrollan, los líderes que emergen y las eras que se desbloquean. El juego no te pide optimizar en el sentido clásico, sino comprender que con A, lo mejor es B, pero eso generará C y deberás gestionarlo. Esa comprensión requiere tiempo, atención y una cierta predisposición a aceptar que no siempre vas a jugar bien. Reus 2 no penaliza el error de forma directa, pero sí te obliga a convivir con sus consecuencias.
La belleza de lo natural
En este sentido, el atractivo del juego es menos inmediato que en otros títulos de gestión. No hay una recompensa constante ni un feedback espectacular. Lo que engancha es la sensación de estar observando un sistema vivo, coherente, que responde a tus intervenciones con una lógica interna muy marcada. Es fácil perder varios minutos simplemente contemplando cómo una civilización evoluciona (o se estanca) a partir de decisiones tomadas mucho antes. Y aquí es donde la estética ha jugado un papel clave para mi.
Visualmente, no es deslumbrante en términos técnicos, pero sí tremendamente expresivo. El uso del color, las formas suaves y el diseño casi ilustrado de los biomas contribuyen a que el planeta se sienta como un organismo en constante transformación. Hay algo muy satisfactorio en ver cómo una extensión árida se convierte poco a poco en un paisaje fértil, o cómo una región prospera gracias a una combinación concreta de recursos. Es un juego que se disfruta tanto jugando como observando, y eso no es algo tan común dentro del género. Y la música solo hace que redondear la experiencia.
Sin embargo, a medida que avanzan las horas, también se hace evidente uno de los rasgos más discutibles de Reus 2: su acumulación de sistemas. Rasgos culturales, bonificaciones cruzadas, condiciones específicas para desbloquear eras, requisitos de los líderes humanos, cartas, misiones, objetivos… Todo está bien pensado y encaja dentro de la lógica del mundo, pero el conjunto puede resultar abrumador. No porque sea confuso, sino porque exige una implicación constante. Es, sin duda, un juego de “café para muy cafeteros”, y no parece tener ningún problema con ello.
Hacia nuevos terrenos
El DLC: Praderas llega precisamente para profundizar en esa dirección. Lejos de ser una expansión ligera o un añadido cosmético, introduce un nuevo bioma (las estepas) que altera de forma notable la manera en que entendemos la gestión del territorio. Las praderas no funcionan como el resto de entornos: aquí entra en juego el concepto de estrés del suelo, una mecánica que obliga a medir con cuidado cuánto explotamos una región antes de que el propio ecosistema reaccione.
El fuego es el gran protagonista de esta expansión. Los incendios no son simplemente eventos destructivos, sino procesos regenerativos que, bien gestionados, pueden fortalecer el terreno y abrir nuevas posibilidades estratégicas. No es la primera vez que veo esto aplicado (recuerdo aquel Terra Nil que hacía algo similar), pero sigue siendo interesante.
El concepto es claro y contundente: no todo crecimiento es sostenible, y a veces la destrucción forma parte del equilibrio. En la práctica, esto añade una capa más de planificación que encaja perfectamente con la filosofía de Reus 2, aunque también refuerza esa sensación de estar ante un diseño pensado para jugadores muy concretos. También incorpora nuevos líderes humanos, cada uno con enfoques muy marcados, y varias eras adicionales que amplían el arco evolutivo de las civilizaciones. Algunas apuestan por la espiritualidad, otras por la simbiosis entre tecnología y naturaleza, y todas obligan a replantear las prioridades del planeta que estamos construyendo.
Lo interesante es que el DLC no rompe el equilibrio del juego base, sino que lo desplaza. Las praderas no son mejores ni peores que otros biomas, pero sí más exigentes. Funcionan casi como un laboratorio para jugadores que ya dominan los sistemas principales y buscan nuevas formas de interactuar con ellos. En ese sentido, Praderas no es un punto de entrada recomendable, sino una expansión pensada para quienes ya están cómodos en el caos controlado del título original.
Nuestras conclusiones sobre Reus 2 y su DLC
Llegados a este punto, resulta más o menos evidente que Reus 2 no es un título para todo el mundo. Su ritmo pausado, su densidad mecánica y su falta de concesiones lo sitúan en un espacio muy concreto dentro del panorama actual. Pero también es justo reconocer que pocas propuestas ofrecen una mirada tan interesante sobre la relación entre naturaleza, poder y evolución. Es un juego que no te hace sentir omnipotente, a pesar de encarnar a dioses, sino responsable. Y esa es una idea poderosa.
Praderas refuerza esa identidad sin suavizarla. Añade complejidad, sí, pero también matices. Es una expansión coherente, bien integrada y honesta con la visión de sus creadores. Puede que no convenza a quienes ya dudaban del juego base, pero para quienes conectan con su estética, su temática y su manera de entender la gestión, supone un paso adelante natural.
Agradecemos a Abbey Games la confianza depositada en nosotros al cedernos una clave de Reus 2 y su DLC Praderas para la elaboración de su análisis en PC
Fanáticos del Hardware otorga la medalla de BRONCE a Reus 2 y su DLC Praderas
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