Hoy en Fanáticos del Hardware os traemos Life is Strange: Reunion, la sexta entrega principal de la saga de aventuras narrativas desarrollada por Deck Nine Games y publicada por Square Enix. Disponible desde el pasado 26 de marzo en PlayStation 5, Xbox Series X|S y PC, este título se presenta como el cierre definitivo de la historia de Max Caulfield y Chloe Price, las protagonistas que definieron la identidad de la franquicia allá por 2015.
Tras el controvertido Life is Strange: Double Exposure, que dejó a buena parte de la comunidad con un sabor agridulce, Reunion promete unir todos los cabos sueltos, devolver a Chloe al primer plano y dar a los fans la despedida que llevan una década esperando. La pregunta es: ¿lo consigue? La respuesta, para mi desgracia, no es tan sencilla.
Rebobinar el pasado tiene un precio (se supone)
La premisa de Reunion es tan directa como efectiva: Max, ahora profesora de fotografía a tiempo completo en la Universidad de Caledon, regresa de un fin de semana fuera para encontrarse con que el campus está ardiendo. Literalmente. Un incendio devastador acaba con la vida de estudiantes, amigos y compañeros ante sus ojos. Max, desesperada, recurre a sus poderes de rebobinado.
Aunque creo que es un poco abrupto, no me parece un mal punto de partida. Por otro lado, los problemas también llegan nada más empezar: Los poderes que tenía en Double Exposure desaparecen, con una justificación, además, bastante cuestionable. Aprecio, por supuesto, que vuelva a sus orígenes, pero creo que había mejores maneras. Poderes de lado, ahora toda la trama se sustentará sobre esto: descubrir quién va a provocar el incendio y evitarlo. Es un planteamiento, no es mi favorito, pero tiene un tono que recuerda a lo mejor de la primera entrega, con un sentimiento de urgencia real.
Es entonces cuando se vienen las curvas: Mientras Max investiga, Chloe aparece en Caledon. Y en resumidas cuentas, por los eventos del anterior título, ha traído consigo inconsistencias temporales, haciendo que esté viva. Es algo que se fuerza y que no tienen en cuenta ninguna decisión anterior, dado que necesita que el personaje exista y que sufra las visiones y pesadillas de una vida que nunca vivió. La premisa, de nuevo, no es quizá la mejor, pero la ejecución deja bastante que desear.
Una historia que vive de sus personajes
De primeras, tengo que ser todo lo justo posible: Cuando Max y Chloe comparten pantalla, Reunion se sitúa en sus mejores partes. La química entre ambas sigue siendo igual de magnética e interesante que en 2015. Hay momentos genuinamente emotivos, diálogos que se sienten naturales y una madurez en la relación que refleja el paso del tiempo de forma creíble. Hay una escena en particular, un sencillo pero poderoso diálogo entre las dos, que es de lo mejor que ha dado la saga en mucho tiempo.
El problema es que todo lo que rodea a Max y Chloe se desmorona. El misterio del incendio, que debería ser el motor de la trama, es previsible y está mal desarrollado. Los sospechosos son transparentes, las pistas carecen de profundidad y la resolución del caso resulta anticlimática. Si lo comparamos con el misterio de Rachel Amber en la primera entrega, es directamente ridículo.
Y no es que aquel estuviera bien pensado; no era más que una excusa para conocer la vida cotidiana de Arcadia Bay. Pero al menos era una buena excusa. Aquí no puedo evitar pensar que el único motivo para que Reunion existiera en un primer lugar era para que Chloe y Max volvieran a compartir espacio jugable. Y para que no se sintiese tan forzado o que recibiera acusaciones de fanservice, pusieron este misterio que se siente pegado con celo.
Los personajes secundarios tampoco ayudan. Al reutilizar casi todo el elenco de Double Exposure sin apenas desarrollo nuevo, la mayoría de interacciones se sienten redundantes. El nuevo presidente de la universidad es un villano unidimensional de manual, y las decisiones que tomaste en Double Exposure se barren debajo de la alfombra con una eficiencia alarmante. Yo también estoy de acuerdo en que fue una entrega terrible para la saga. Pero no por ello tienes que trocear, moldear y manipular el guión de una forma tan violenta.
La nostalgia como muleta
En términos jugables, Reunion no arriesga absolutamente nada y quizá no lo necesita. El poder de rebobinado de Max regresa tal cual estaba en 2015: vuelves atrás en el tiempo para rehacer conversaciones o deshacer decisiones hasta encontrar el camino correcto. Era una mecánica más o menos elegante hace once años. Hoy se siente básica. Y por momentos, su implementación es tan básica que preferirías que no estuviera en un primer lugar.
Chloe, por su parte, recupera el sistema de Backtalk de Before the Storm, donde debes elegir las respuestas correctas en cadena para manipular conversaciones. Es una mecánica interesante en concepto, pero se usa tan pocas veces a lo largo de la aventura y de forma tan opcional que acaba sintiéndose como un añadido testimonial. La alternancia entre ambas protagonistas es la novedad más relevante en lo jugable, y funciona razonablemente bien para variar el ritmo, pero no transforma la experiencia de ninguna forma significativa.
Quizás lo más frustrante sea que el juego abandona el formato episódico sin ofrecer nada a cambio. Las anteriores entregas, incluso cuando dejaron de lanzarse por episodios, mantenían una estructura en capítulos que daba respiro y generaba expectativa. Aquí la historia fluye como una corriente continua que, paradójicamente, hace que los momentos de menor intensidad se sientan como relleno en lugar de como desarrollo.
Visualmente, es un juego con buenas intenciones y una ejecución irregular. La dirección artística sigue siendo uno de los puntos fuertes de la saga: los escenarios tienen personalidad, el uso del color es intencionado, y las paletas de iluminación acompañan bien los cambios de tono narrativo. Las microexpresiones faciales han mejorado notablemente respecto a entregas anteriores, y eso es crucial en un juego donde una mirada esquiva puede comunicar más que tres líneas de diálogo.
La banda sonora, por fortuna, sí que resulta aplaudible. La combinación de temas originales y canciones licenciadas funciona como siempre ha funcionado en la saga, puntuando los momentos clave con una precisión casi quirúrgica. El doblaje en inglés sigue siendo sólido y las interpretaciones son creíbles, sosteniendo en gran parte el producto final.
La cobardía de tu amor por ella
Por desgracia, creo que mi mayor problema con Life is Strange: Reunion es que no se atreve a dejar ir a sus personajes y, al hacerlo, traiciona los temas que la propia saga había construido durante una década. El primer Life is Strange nos hablaba, en esencia, de que las acciones tienen consecuencias, de que no se puede tener todo, de que hay un coste real en jugar con el tiempo. Double Exposure, con sus defectos, profundizaba en la idea de seguir adelante tras la pérdida y construir una vida nueva. Reunion es una respuesta cobarde a lo que no funcionaba en la entrega anterior, tirando todo eso a la basura.
Al forzar el reencuentro de Max y Chloe a cualquier precio narrativo, el juego no deja de sentirse como un fan fiction con presupuesto. Y yo soy fan y me encanta ver a las dos protagonistas juntas. Porque me siento de nuevo en 2015 y mi vida era más bonita y sencilla. Pero si lo pienso con la cabeza, me resulta imposible no sentir que están jugando con las rentas pasadas y no están siendo valientes para dar una historia emotiva, un cierre que se gane a pulso con un verdadero trabajo narrativo.
Hay una escena en la que Safi le dice a Max algo así como que si algo está destinado a ser, no puede cambiarse por mucho que rebobines el tiempo. Es un momento brillante; sería una tesis perfecta y dolorosa para cerrar la saga. Si el juego hubiera abrazado esa idea y hubiera tenido el coraje de llevarla hasta sus últimas consecuencias, estaríamos hablando de una despedida memorable. En su lugar, el último acto abandona esa promesa y opta por un final que busca contentar antes que conmover. Y eso, para una saga que se construyó sobre la idea de que las decisiones difíciles son las únicas que importan, es decepcionante.
Nuestras conclusiones sobre Life is Strange: Reunion
Cuando se centra en la relación entre Max y Chloe, en esos pequeños momentos de intimidad entre dos personas que se quieren y no saben cómo encajar en la vida de la otra, es capaz de generar la misma emoción que hizo especial al original. Pero cuando tiene que sostener un misterio, justificar sus decisiones narrativas o evolucionar mecánicamente, se queda corto.
Es una despedida emotiva para quienes necesitaban ver a estas dos protagonistas juntas una última vez, pero no es el cierre que la saga merecía. Es, en el fondo, un juego que tiene miedo de dejar ir, y que en ese miedo renuncia a la honestidad que siempre fue su mayor virtud. Si eres fan incondicional de Max y Chloe y lo único que necesitas es verlas compartir pantalla, es imposible que no lo disfrutes más que Doble Exposure. Pero no lo juegues pensando que aprendieron la lección. En su lugar, optaron por un camino intermedio que solo se disfruta si te reservas de hacer preguntas incómodas y apagas tu sentido más crítico.
Fanáticos del Hardware otorga la medalla de BRONCE a Life is Strange: Reunion
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