Hideo Kojima ha reaccionado a la decisión atribuida a Sony de dejar de fabricar discos físicos de PlayStation a partir de enero de 2028. El creador de Metal Gear Solid y Death Stranding lamenta el paso hacia lo digital, pero considera todavía más preocupante la pérdida total de control que supone el juego en streaming.
Durante su participación en el festival italiano Il Cinema in Piazza, en Roma, Kojima explicó que el problema no se limita al videojuego físico. Para él, el verdadero salto delicado llegará cuando películas, series y juegos dependan por completo de servidores externos, porque el usuario dejará de tener una copia local realmente accesible.
Kojima lamenta el fin del formato físico
Kojima reconoció que creció con soportes físicos y que la desaparición progresiva del disco le resulta triste. Su postura no parte de la nostalgia vacía, sino de una preocupación real por preservación, acceso y propiedad del contenido en una industria cada vez más orientada a licencias digitales.
El diseñador lo resumió de forma bastante clara: «Crecí con medios físicos, así que me parece realmente triste. Ahora estoy comprando muchos Blu-ray, películas y también CD». La frase encaja con su perfil de cinéfilo, pero también con una defensa directa del archivo personal frente al acceso alquilado.
Aun así, Kojima diferencia entre descarga y streaming. En los juegos digitales actuales, aunque no exista disco, los datos se instalan en el almacenamiento del usuario. Eso mantiene cierto grado de control local, especialmente frente a servicios donde el contenido nunca llega realmente al dispositivo.
El streaming le preocupa más que el formato digital
La parte más importante de su reflexión llega al hablar de la nube. Kojima considera que el juego por streaming es más delicado porque el usuario no posee los datos, sino que solo accede a ellos mientras un servidor, una licencia y una empresa lo permiten. Ahí aparece el verdadero riesgo para la propiedad digital.
Su comparación con plataformas como Netflix o Amazon es muy directa: «Hay un servidor en alguna parte y básicamente tienes el derecho a abrir el grifo; cuando lo haces, los datos fluyen». La metáfora funciona porque reduce el streaming a un acceso temporal controlado por terceros.
El problema no está solo en pagar una suscripción. Está en que el usuario depende de decisiones empresariales, acuerdos de licencia, cambios políticos o restricciones regionales. Si algo cambia, la obra puede desaparecer sin que el comprador tenga una copia propia que conservar o ejecutar.
Videojuegos y cine comparten el mismo problema
Kojima también conectó videojuegos y películas dentro del mismo debate. En cine, el streaming ya domina el consumo doméstico, y muchas obras aparecen o desaparecen de catálogos sin previo aviso. Para él, ese modelo puede trasladarse al videojuego y agravar la fragilidad del acceso cultural a largo plazo.
La advertencia fue clara: «Si hay un cambio, los datos dejarán de distribuirse. Y si eso ocurre, no podrás ver o jugar las películas y juegos que te gustan». Es una frase especialmente relevante porque apunta a la dependencia absoluta de servidores y licencias activas.
En videojuegos, el riesgo puede ser incluso mayor. Un juego no es solo un archivo de vídeo; puede depender de parches, servidores, autenticaciones, cuentas, contenido descargable y sistemas antitrampas. Cuando todo eso desaparece, conservar el acceso se convierte en un problema técnico y legal mucho más complejo.
El fin del disco sería solo el primer paso
Para Kojima, la desaparición del disco físico sería una primera etapa dentro de una transición más amplia. El juego descargado todavía conserva ventajas prácticas frente al streaming, pero también reduce la propiedad clásica. El disco deja de ser una garantía física de acceso independiente, aunque tampoco lo era ya de forma perfecta.
Los discos modernos muchas veces requieren instalaciones, parches o descargas adicionales. Aun así, siguen ofreciendo una base física que puede revenderse, prestarse, coleccionarse o conservarse. Al eliminar ese soporte, el usuario queda más expuesto a tiendas digitales, cierres de servidores y cambios de política comercial.
El paso siguiente, según la preocupación de Kojima, sería todavía más radical: juegos sin descarga real, ejecutados desde centros de datos. Ahí el usuario no solo pierde el disco, sino también la posesión local del software, quedando limitado a una sesión remota mientras el servicio exista.
Una crítica llamativa por su relación con Sony
La opinión de Kojima resulta especialmente interesante porque mantiene una relación histórica muy cercana con Sony. Tras su salida de Konami, la compañía ayudó a impulsar Kojima Productions y facilitó el uso del motor Decima de Guerrilla para el desarrollo de Death Stranding.
Además, aunque Kojima trabaja ahora en OD, financiado por Xbox, también tiene firmado Physint, un nuevo exclusivo de PlayStation inspirado en el espionaje táctico. Por eso su crítica no parece un gesto oportunista, sino una posición personal sobre propiedad, preservación y acceso cultural.
Ese matiz importa. Kojima no está atacando a Sony desde fuera del ecosistema, sino cuestionando una tendencia que afecta a toda la industria. Su mensaje tiene más peso precisamente porque viene de alguien integrado en grandes producciones, pero preocupado por el futuro del contenido cuando desaparece el soporte físico.
El mercado parece moverse en dirección contraria
El problema es que la industria ya avanza hacia lo digital. En cine, música y series, el cambio está mucho más consolidado. En videojuegos, el streaming todavía no ha despegado al mismo nivel, pero las descargas digitales, suscripciones y bibliotecas vinculadas a cuentas ya han normalizado un modelo de acceso menos permanente.
Sony puede no cambiar de rumbo aunque figuras como Kojima expresen dudas. Si las fábricas de discos ya están siendo reasignadas a otras tareas, la decisión tendría una lógica industrial difícil de revertir, especialmente si el mercado físico representa cada vez menos volumen frente a ventas digitales.
El usuario queda en medio de esa transición. Gana comodidad, inmediatez y menos dependencia del espacio físico, pero pierde capacidad de conservar, revender o acceder sin intermediarios. La pregunta de fondo es si el futuro del videojuego será más cómodo, pero también mucho menos controlable.
La preservación vuelve al centro del debate
La reflexión de Kojima toca un punto que la industria suele esquivar. El paso a lo digital no solo cambia cómo se compra un juego, sino cómo se conserva. Sin discos, sin descargas completas y sin servidores activos, muchas obras pueden quedar atrapadas en una zona gris entre licencia, catálogo y desaparición técnica.
Esto afecta a jugadores, coleccionistas, estudios, historiadores y medios. Un videojuego puede ser una obra cultural, pero también un software dependiente de infraestructura externa. Cuando esa infraestructura se apaga, el acceso puede perderse aunque exista interés por preservarlo. Ahí está el mayor peligro del modelo puramente en la nube.
Kojima no plantea una solución cerrada, pero sí una advertencia clara. El fin de los discos físicos de PlayStation puede parecer solo una decisión logística, pero forma parte de un cambio mayor. Si todo acaba dependiendo del streaming, el usuario podría pasar de comprar juegos a alquilar acceso mientras alguien mantenga abierto el grifo.
Vía: Wccftech










