El sector de GPU empieza a pagar el precio de una escalada constante en potencia. NVIDIA ha registrado un aumento del 1.000% interanual en sus costes de garantía durante 2025, en un contexto marcado por la llegada de las RTX 40 y RTX 50, el uso del conector 12VHPWR y un crecimiento claro del consumo energético. No se trata solo de hardware más caro, sino de un incremento real en incidencias.
Los datos de Warranty Week sitúan el gasto en 894 millones de dólares (~757,93 millones de euros) en 2025, frente a 81 millones de dólares (~68,67 millones de euros) en 2024. Este salto no responde únicamente al encarecimiento del producto, sino a una subida directa en las tasas de fallo, lo que apunta a un problema estructural ligado al diseño energético de las GPU actuales.
Un salto de consumo que cambia las reglas del juego
El avance hacia GPU más potentes ha llevado consigo un incremento notable del TDP, del estrés en el suministro eléctrico y de la exigencia térmica en equipos de alto rendimiento. El uso del 12VHPWR permite sostener estas cifras, pero también introduce un punto crítico adicional en la cadena de estabilidad, especialmente en configuraciones exigentes o mal optimizadas.
Este cambio no es trivial: a medida que el hardware escala en potencia, también lo hace la probabilidad de fallo en condiciones reales. La combinación de altos picos de consumo, densidad energética elevada y márgenes térmicos más ajustados reduce el margen de error en todo el sistema.
La tasa de fallos crece de forma progresiva durante 2025
Uno de los indicadores más claros es la evolución interna de las reclamaciones. NVIDIA pasó de una tasa del 0,17% en el primer trimestre de 2025 a un 0,9% en el cuarto trimestre, lo que refleja un crecimiento sostenido a lo largo del año. Este comportamiento apunta a que los problemas no son puntuales, sino acumulativos.
La tendencia sugiere que el propio diseño de las GPU modernas, centrado en maximizar rendimiento sin compromisos, está elevando el riesgo en escenarios reales de uso. A medida que se incrementa el consumo sostenido, también lo hace la exposición a fallos en componentes clave.
AMD también sube, pero con una presión más contenida
En paralelo, AMD ha experimentado un aumento en sus costes de garantía, aunque lejos del nivel observado en su competidor directo. La compañía pasó de 110 millones de dólares (~93,26 millones de euros) en 2024 a 238 millones de dólares (~201,57 millones de euros) en 2025, con un crecimiento superior al 100% interanual.
En términos de fiabilidad, la tasa de reclamaciones subió del 0,43% al 0,68%, confirmando que el problema afecta al conjunto del sector de GPU. Sin embargo, el impacto más moderado sugiere un enfoque menos agresivo en el salto energético o un mejor equilibrio entre potencia y estabilidad.
El aumento de precios también amplifica el impacto
No todo el crecimiento del gasto se explica por más fallos. El propio aumento en el precio medio de las GPU hace que cada reclamación tenga un impacto económico mucho mayor. A medida que el hardware se encarece, el coste asociado a cada sustitución o reparación crece de forma proporcional.
Esto genera un efecto multiplicador: más fallos y productos más caros elevan de forma directa el gasto total. En este contexto, incluso pequeños aumentos en la tasa de fallo tienen consecuencias económicas mucho más significativas.
Reservas de garantía: previsión de un problema sostenido
El movimiento más revelador está en las reservas de garantía. NVIDIA ha incrementado su fondo desde 416 millones de dólares (~352,68 millones de euros) hasta 2.590 millones de dólares (~2.195,80 millones de euros), lo que refleja una expectativa clara de que estos costes seguirán presentes en el corto y medio plazo.
Por su parte, AMD también ha reforzado sus reservas, pasando de 310 millones de dólares (~262,82 millones de euros) a 597 millones de dólares (~506,74 millones de euros). Ambas compañías anticipan que la presión sobre la fiabilidad no es temporal, sino parte del nuevo escenario del hardware.
El sector entra en una fase de ajuste técnico
Hasta la fecha, la prioridad ha sido clara: más rendimiento, más potencia y mayor capacidad de cálculo. Sin embargo, los datos de garantías apuntan a que este modelo empieza a mostrar sus límites. El equilibrio entre eficiencia energética, consumo y durabilidad real del hardware se vuelve cada vez más crítico.
Si la tendencia continúa, es probable que futuras generaciones introduzcan cambios en diseño, conectividad o gestión energética. No por falta de capacidad técnica, sino porque el margen de error en el hardware extremo se está reduciendo más rápido de lo que el sector puede absorber.
Vía: TechPowerUp










