La Raspberry Pi Foundation continúa ampliando su ecosistema de hardware con microcontroladores orientados a proyectos embebidos, y el nuevo RP2350, sucesor directo del conocido RP2040, está empezando a llamar la atención por motivos inesperados. Aunque su rendimiento bruto debe entenderse dentro del contexto adecuado -muy lejos de procesadores modernos de AMD o Intel-, recientes pruebas demuestran que este pequeño chip puede alcanzar niveles de overclock extraordinariamente elevados para su categoría.
Conviene recordar que el RP2350 no está diseñado para ejecutar sistemas operativos de escritorio, videojuegos ni cargas gráficas complejas. Su propósito real es controlar sensores, actuadores y dispositivos electrónicos dentro de entornos de computación embebida, donde la eficiencia energética y la estabilidad operativa tienen prioridad frente a la potencia pura.
Un overclock inesperado para un microcontrolador
Según pruebas recogidas por Liliputing, el microcontrolador puede escalar muy por encima de sus especificaciones oficiales. La frecuencia oficial de 150 MHz puede superar los 500 MHz sin refrigeración adicional, algo prácticamente impensable en procesadores de escritorio tradicionales, donde incrementos mucho menores ya implican importantes desafíos térmicos.
Con la incorporación de refrigeración activa y un aumento del voltaje hasta 1,9 V, el chip logra superar los 600 MHz, mostrando un margen de escalado notable dentro de arquitecturas diseñadas originalmente para bajo consumo. Este comportamiento sugiere que el diseño del silicio prioriza una amplia tolerancia operativa, algo habitual en microcontroladores pero poco visible a estos niveles extremos.
El resultado no convierte al RP2350 en un procesador comparable a CPUs convencionales, pero sí demuestra cómo ciertas arquitecturas simples pueden beneficiarse de aumentos agresivos de frecuencia cuando las limitaciones térmicas y energéticas se modifican manualmente.
Más de 800 MHz: rendimiento extremo con riesgos evidentes
Las pruebas más agresivas elevan el voltaje hasta 3,05 V, permitiendo alcanzar frecuencias superiores a 800 MHz, lo que equivale a un overclock superior a 5x respecto a las especificaciones oficiales. Este tipo de cifras resulta excepcional incluso dentro del ámbito experimental del hardware DIY y la comunidad maker.
Sin embargo, ejecutar el microcontrolador bajo estas condiciones plantea dudas claras sobre su viabilidad a largo plazo. El incremento de voltaje provoca mayor desgaste del silicio, acelera la degradación electromigratoria y reduce previsiblemente la vida útil del chip, especialmente si no se mejora la disipación térmica.
En la práctica, estos resultados deben interpretarse más como una demostración técnica del margen de diseño del RP2350 que como una configuración recomendable para uso diario. Aun así, el experimento confirma el potencial oculto del microcontrolador y refuerza el atractivo del Raspberry Pi Pico 2 dentro de la comunidad maker y de experimentación electrónica avanzada.
Vía: NotebookCheck










